jueves, 1 de septiembre de 2011

ESTANCIA EN PUERTO Y OTROS QUEHACERES

En esta fase de templanza, que no de contemplanza amarrado al pantalán, los días pasan rápido, casi sin sentirlos, si no fuera por el calor que aprieta, aunque no ahoga, parafraseando ese símil piadoso que buena parte de lugareños tienen a bien recordártelo muy a menudo.

Bien, pues entre pantalanes pasan las horas y los días. Idas y venidas al catamarán de mis amigos Cathy y Philippe con quienes ya he consolidado una intensa amistad y mi francés va mejorando notoriamente por momentos, amén de ser bienvenido en la comunidad de navegantes franceses asentados en el puerto, hace que los instantes de soledad se minimicen.

En el barco siempre hay cosas que hacer y cada vez que se hurga en sus entrañas, un poco más de la cuenta, uno se deprime de verlo como si fuese una quincallería barriobajera, pero como la primera norma del navegante solitario es no dejarse superar por los quehaceres, siempre se ha de estar listo para partir cuando la ocasión lo requiera, como así ha sido.

El ofrecimiento de realizar un pequeño crucero charter de cuatro días a la isla Tortuga, ha sido un buen estímulo, tanto para mi ánimo como para la cajita diaria de abordo.
Y allá nos hemos ido, con dos parejas de jóvenes italianos, que han querido aprovechar las postrimerías de sus vacaciones por Venezuela, para visitar una isla que se encuentra fuera de los circuitos turísticos habituales.
Novatos en asuntos de la mar, da gusto ver como se entusiasman por pequeños detalles que en nuestra vida de nauta, hace tiempo que pasan desapercibidos; el color del agua, unos delfines que nos acompañan, puestas de sol, que sin ser espléndidas, no les deja indiferentes.

Estos días han sido como revivir con un poco de nostalgia tiempos pasados y una experiencia con visos profesionales en la que estoy poco versado, pero interesante de cara a un futuro cercano, por si las cuestiones administrativas no se arreglan como debieran y hubiera que poner a trabajar al Bahía las Islas, quieran los dioses marinos que los malos augurios no se cumplan.

Esta mañana he acompañado a mis amigos a probar los motores de su catamarán, a los que recientemente les han hecho un arreglo.
Hemos navegado hasta las islas de Chimana, al otro lado de la bahía de Puerto la Cruz y mira por donde, nos hemos cruzado con el Cibeles, velero comandado por una pareja española que lleva muchos años de transmundistas por esos mares. Le alegra a uno encontrarse con compatriotas por estas aguas, tan poco proclives a los navegantes ibéricos.
Continuamos hasta las desoladas islas de bellas bahías, que me recuerdan mucho a las islas Cornati en Croacia, pero a diferencia de aquellas, éstas no son muy recomendables en cuanto a seguridad se refiere, una pena, porque bien sería un lugar agradable de pasar unos días a escasas cinco millas de Puerto la Cruz y no tener que irse como mínimo a la isla de Tortuga, distante casi sesenta millas, para poder darse un baño en aguas claras y tranquilas.

De regreso, vuelta a los quehaceres de costumbre y a la vida de pantalán, como no puede ser de otra manera. No tardan en arribar a Puerto la Cruz, el Mosquito Valiente, pareja de españoles y el Mango del francés Felipe, que harán modifique un poco mis rutinas diarias.


Angel Viana

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